Estaba esperando el bondi y me distraje buscando entre la gente alguna muchacha que sonriera. Vino un ómnibus, paró, y creí que era el mío. Me subí, y nunca volví a aquella misma ciudad.
Hay ómnibus que van a todas partes. Desde el este volvía al centro, pero nunca llegué.
Decir que nunca llegué es difícil de asumir, porque aún puedo estar buscándolo, pero en el fondo, aunque no lo entienda del todo, pienso eso: que nunca llegué.
Viajábamos muchos en el ómnibus. Era un día gris y frío, de los primeros fríos después del verano. A veces, entre las gordas nubes juguetea un benévolo y distante sol sonriendo, aún, con su sonrisa siempre joven.
Las calles se pusieron anchas enseguida, de pasto y de silencio. Las casas, bajas y separadas, cada una tenía el suficiente espacio como para acomodar su tristeza.
Los pasajeros se fueron adormeciendo con la mágica imagen del sol jugando en las nubes, y los niños sueltos en los pastos y pedregullos. El chofer también. Manejaba lento y despacio, iba observando cada vez más lo que se anteponía a sus brazos.
De pronto todos sintieron lo mismo: como si el mundo se acabase. Todos miraron al chofer, que se dio media vuelta y dijo:
-Llegamos.
Nadie se movió ni protestó. Seguían mirando afuera, al sol juguetear en el fondo del mundo, donde los niños jugaban siempre en la calle y los ómnibus solo llegaban para detenerse.
viernes, 11 de junio de 2010
lunes, 7 de junio de 2010
El recuerdo que anhela
Por un instante estuve en aquel silencio. En aquella oscura y profunda noche, de absolutas estrellas y distancias. Era una playa…
La arena blanca, fría ante el universo… caliente ante el sol que quedaba detrás… me daba cobijo; más allá de esa arena se extendía un mar, húmedo y frío sin límites. Y un bajo bosque de arbustos, se remontaba a las colinas, detrás.
No estoy seguro si estaba soñando. Quizás es un recuerdo de algún viaje, que puedo muy bien no recordar, de hace ya mucho tiempo, o no tanto: quizás algún instante de todos los viajes por playas extraordinarias que he hecho últimamente.
Pero tengo la sensación de tener este recuerdo desde hace mucho tiempo. Tengo la sensación de que sea más un anhelo que un recuerdo. Quizás este sea el anhelo desde otra vida... el de verme a mí, allí.
Sé que hay miedos que me despiertan. Sé que hay sueños que me llevan. Sé que hay pasados más viejos que nosotros. Y sé que hay futuros mucho más fuertes.
Con esta sabiduría debería estar temblando. Y lo estoy. Y hay hermosos miedos que despiertan mi animal.
Son todos estos temas cosas que tienen que ver… Porque este recuerdo me asombra, y el asombro es el arma de los sueños que me pueden llevar, que me pueden llevar más allá de volver a despertar, que me pueden llevar a abandonar algo por otro que lo quiere tomar.
El asombro es lo que despierta el anhelo… el asombro y el anhelo pueden ser lo mismo para mí. Para mí, llevarme un tesoro.
El miedo es muy fuerte. Sé que me puedo ir así, y que así me puedo ir a donde quiero. ¿A dónde quiero ir? y ¿a dónde puedo ir?
No sé si explicar cuál es ese miedo un poquito más, o buscar a dónde quiero ir… Sin lugar a dudas quiero buscar a dónde ir, pero ni bien me lo propongo, me rodea un profundo silencio… como si el resto de un universo que no me daba cuenta que hacía ruido, se callara de pronto para escuchar mi anhelo. Entonces necesito explicar ese miedo un poquito más.
El miedo es sentir la agresión. La de otro anhelante que me anheló y yo caí en su trampa, y me robó el cuerpo. Me robó la vida. Yo fui a la suya. El miedo es ese, en frente a estos sueños y recuerdos, o ante estos anhelos propios también, porque algo parecido a ese miedo es lo que se siente intentando seducir a otro, cuando ya se llega a anhelar a otro.
Sin tiempo, ni recuerdo, ni sueño… De pronto estamos frente al anhelado… o anhelados por el otro… Las dos cosas de pronto.
Por un instante estuve frente a ese silencio.
Y no hay cosa más positiva que algunos anhelos. Ciertas ilusiones. Hay que saber elegir solamente. No se trata de frenar la energía… elegir es vivir la parte más viva de la energía.
La arena blanca, fría ante el universo… caliente ante el sol que quedaba detrás… me daba cobijo; más allá de esa arena se extendía un mar, húmedo y frío sin límites. Y un bajo bosque de arbustos, se remontaba a las colinas, detrás.
No estoy seguro si estaba soñando. Quizás es un recuerdo de algún viaje, que puedo muy bien no recordar, de hace ya mucho tiempo, o no tanto: quizás algún instante de todos los viajes por playas extraordinarias que he hecho últimamente.
Pero tengo la sensación de tener este recuerdo desde hace mucho tiempo. Tengo la sensación de que sea más un anhelo que un recuerdo. Quizás este sea el anhelo desde otra vida... el de verme a mí, allí.
Sé que hay miedos que me despiertan. Sé que hay sueños que me llevan. Sé que hay pasados más viejos que nosotros. Y sé que hay futuros mucho más fuertes.
Con esta sabiduría debería estar temblando. Y lo estoy. Y hay hermosos miedos que despiertan mi animal.
Son todos estos temas cosas que tienen que ver… Porque este recuerdo me asombra, y el asombro es el arma de los sueños que me pueden llevar, que me pueden llevar más allá de volver a despertar, que me pueden llevar a abandonar algo por otro que lo quiere tomar.
El asombro es lo que despierta el anhelo… el asombro y el anhelo pueden ser lo mismo para mí. Para mí, llevarme un tesoro.
El miedo es muy fuerte. Sé que me puedo ir así, y que así me puedo ir a donde quiero. ¿A dónde quiero ir? y ¿a dónde puedo ir?
No sé si explicar cuál es ese miedo un poquito más, o buscar a dónde quiero ir… Sin lugar a dudas quiero buscar a dónde ir, pero ni bien me lo propongo, me rodea un profundo silencio… como si el resto de un universo que no me daba cuenta que hacía ruido, se callara de pronto para escuchar mi anhelo. Entonces necesito explicar ese miedo un poquito más.
El miedo es sentir la agresión. La de otro anhelante que me anheló y yo caí en su trampa, y me robó el cuerpo. Me robó la vida. Yo fui a la suya. El miedo es ese, en frente a estos sueños y recuerdos, o ante estos anhelos propios también, porque algo parecido a ese miedo es lo que se siente intentando seducir a otro, cuando ya se llega a anhelar a otro.
Sin tiempo, ni recuerdo, ni sueño… De pronto estamos frente al anhelado… o anhelados por el otro… Las dos cosas de pronto.
Por un instante estuve frente a ese silencio.
Y no hay cosa más positiva que algunos anhelos. Ciertas ilusiones. Hay que saber elegir solamente. No se trata de frenar la energía… elegir es vivir la parte más viva de la energía.
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