Espimanuel, por mucho que le pesase, se llamaba el lagarto.
Alguien descorazonado y maldito, incluso carente del apetito fino y delicado, ni siquiera contento con el placer obtenido de la dulzura, lo ha bautizado así.
Y careciendo del conocimiento de su nombre... indiferente y confusamente feliz y triste, como el que no lo ha sabido (a pesar de haber sido motivado así), soberbio y despiadado (mucho más que el que le puso el nombre), pisando pastos, golpeando la tierra apretada – tierra permanentemente semi húmeda y caducamente seca - se paseaba el lagarto. A veces huyendo de otros animales, que eminencialmente ponían en peligro su vida (la del lagarto), o que indudablemente jugaban orgullosos con él, padeciendo el placer de tener más inteligencia, síndrome que análogamente sufre el autor de este cuento, y no nos neguemos a admitir que el lector tiene la posibilidad negada a escapar a tan cruel enfermedad.
La sombra se iba dibujando, exacta y velozmente bajo la influencia de un calculador aterradoramente grande. Pero eso es lo que descubrí... basándome únicamente en el caso de este lagarto.
Resulta que Espimanuel era el lagarto más rápido del mundo, y no solo eso, sino que también, por casi deducción lógica, era el animal más rápido del mundo (a cierta escala débil del calculador). Y esto provocó lo que yo tanto adoré, y lo que tanto estudié.
Espimanuel circulaba violentamente sobre y entre decenas de pastos, de flores, de espinas, de caracoles, y de piedritas por centímetro cuadrado; en zigzags, zetas, dobles ves, y pes, équices, ges, eles, úes, os, e íes de tamaño variado cuando se concentraba y perseguía un destino derecho (aunque sea por unas fracciones de segundos), las más veces apurando la huída del zarpazo del gato (el gato Alcantaflor: del cual su figura, parda y amarilla, se veía disparar seguido sobre Espimanuel).
Es el caso quebrante, violentamente horripilante, grosero y desnudador de la realidad (violador) (corriendo riesgo de convertirse en asesino…), del ciento tercer pasto de la pata izquierda delantera contando desde la salida de arriba de la tapa del pozo negro, de la salida número 28 de la cueva, del día 179 del año 1987, DC, a la hora exacta 17:53 y 48 segundos. Instante en el que todo… toda la realidad fue puesta en duda, todo el mundo detenido, (y quién sabe si por primera vez) se bloqueó el sistema entero por unos instantes: por unos muy pequeños instantes el motor entero del mundo (del universo), dios, (por primera, única, o alguna de las pocas veces) se mareó, se detuvo, no pudo ser consciente.
Debía apoyar una sombra gris, casi negra, opaca y expresando una figura, sobre el pasto ciento tercero (una silueta parecida a una cara de una mujer mayor), en el momento en que la pata (izquierda delantera) iba apenas arriba de éste, casi tocándolo; la fuente de luz de la sombra era de un foco del alumbrado público a ciento tres metros, que por error en el sistema de encendido automático se había prendido antes (exactamente tres segundos antes), y alumbraba bastante notablemente en el momento en que el sol yacía oculto entre los árboles del monte cercano al horizonte.
Yo quedé duro, estático y estupefacto, (cuando ni siquiera lo noté en mi cuerpo, ni en mi percepción del tiempo, ni nada) cuando noté (por cálculo) lo que tenía que pasar inevitablemente, y no pasó… y más aún, mucho más, maravillosa y artísticamente (era absolutamente inesperado para mí, ya a aquella altura de mi vida, encontrarme con un detalle así por parte de la realidad), porque lo que sucedió en lugar de lo que tenía que suceder, fue absolutamente maravilloso.
Porque aparte de ser distinto de lo que tenía que ser, fue maravilloso.
En la superficie oblicua y verde, opaca, del pasto (el que luego corté y puse en un cuadro en mi mesa de luz), se formó, proveniente de una fuerza absolutamente desconocida para mí… de una forma terroríficamente nueva, y diferente, una imagen rosada, aguda y perfecta, mucho más perfecta de lo que yo era capaz de imaginar, la imagen más definida, y mucho más realista (y yo arriesgué a decir que con vida…), la de una mujer hermosa, de ojos agudos y vidriosos, expresando en su propia cara la angustia sublime de vivir, del conocimiento de la realidad y de la irrealidad que solo existía.
Otro dios, mucho más poderoso de lo que imaginábamos podía existir, estaba parado (o quien sabe como) detrás del dios que conocíamos, que falló (una única, o extraña vez), y manejaba las cosas que el dios que conocíamos no podía manejar.
Así me fue revelada la verdad más grande de éste mundo, el dios más débil tapa a un dios más fuerte, y solo para sí mismo existe el más fuerte. Nadie lo conoce, nadie; y cuanto más débil es el dios, más cantidad de entes lo conocen y le sirven homenaje, servicio... le brindan todo, todo lo que son capaces de sentir, de gozar, y de mover.
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