Fantástico es el borde externo del mundo. Hacia afuera está la multitud de las cosas. La realidad misma pelea saliendo a ese extraño afuera... Y siempre perdió esa batalla, pero en cada paso que cede, descubre un poco más la esperanza de la pelea. El mundo fue creado desde la fantasía hacia la realidad, el mundo es una cosa que se llenó desde afuera, y la fantasía (para nosotros) es remontar el río en catarata de esa sustancia -esencia del mundo-, la fantasía que cayó en la realidad.




lunes, 21 de marzo de 2011

La historia del hombre que llevaba preservativos en el traje de baño para las sirenas - Capítulo 1

El hombre bajó del ómnibus. Llevaba solo un traje de baño, dos chinelas en los pies y una mochila. Con el torso desnudo mostraba que estaba acostumbrado a estar bajo el sol. Era la una y cinco de la tarde. Muy pocas personas se bajaron con él, y al desaparecer rápidamente en sus autos, las calles quedaron vacías con su sola presencia, que ya caminaba cabeza gacha en una dirección determinada, de forma elegante, rápida y graciosa.

Al llegar a la pequeña playa, fue reinado él también por el silencio total que había allí. Todo el silencio solo vibraba paulatinamente con los arrullos de las olas y algún que otro zumbar profundo y agudo desde las partes más verde oscuro de la costa empinada.

Mientras dejó su mochila a la sombra de un arbusto enmarañado que caía sobre la arena, pudo escuchar lento y pausado cómo un pájaro, tal vez azul como el mar más profundo, o turquesa como el mar más ofrendado sobre la tierra, sobre las arenas, cantaba lentamente una canción que tal vez en otros tiempos compusiera o tal vez en aquellos mismos instantes estuviera siendo traída desde las matemáticas frías e indiferentes, hasta la realidad misma, existente.

Cuando el calor lo abrasó y una brisa perdió el sonido del pájaro como adentro de una ola, entonces dejó sus chinelas, sacó sus pies y se deslizó en la arena. De pronto ya estaba en el agua, la superficie le acariciaba las rodillas, e inminente, como si ya lo hubiese hecho alguna vez, se sugería a lamer abiertamente sus muslos, devorándolos, como un fruto de hombre, como fruto maduro, excelente, de carne, de músculos hermosos y ejercitados que cargaban con los sabores de todos los lugares donde habían decidido estar, con los lugares de todas las ilusiones que los promovieron a actuar.

Y en este preciso momento es que se tanteó el bolsillo trasero del short. Allí estaban, gracias a dios, como siempre, los preservativos blancos. La defensa de razas. Aquellos que las sirenas siempre le irían a exigir cuando fueran a encontrarse bajo el agua, o en aquellas cavernas entre las piedras, directamente sobre el fondo del mar o en alguno de los tantos rincones de piedras y de vegetación que se escondían a lo largo de aquella hermosa costa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario